Me río más alto que cualquier oriundo de esos que se deslizan y que en las cenas de empresa susurran y brindan sin chocar la copa.
Y me río porque una semana me ha dado el descanso, la energía y la alegría que no me dio un mes, y todo ello a pesar de los miedos:
- Al frió (-8ºC); pero ya explique a mi vuelta que luego mejoraba y hacía bueno (2ºC)
- A que el costoso visado fuera una pegatina de Bollycao que nos dejara en tierra o a que la tarjeta de inmigración se me perdiera y me dejara en el calabozo.
- A la policía militar omnipresentemente corrupta de San Petersburgo, donde la sensación de seguridad es inversamente proporcional a la policía que hay en las calles.
- A los machistas taxisecuestros de la ONG "Dona tus órganos"
- A los skinheads fascisto-comunistas.
- Y a perder una y otra vez el correspondiente medio de transporte.
Pero todo fue genial:
- Visitar el putibar para hablar de los Serrano frente a cervezas de 4,50 € a precio de ganga feliz.
- El partido decorativo que enfrenta a luteranos y ortodoxos.
- El super mercado de la costa.
- La "dulce" vida universitaria con sabor a arándanos en receta secreta de polvos y agua.
- Las técnicas de ligue.
- Los debates sociopolíticos.
- Los renos para ver, llevar y comer.
- La amabilidad de la gente.
- Perdernos y encontrarnos.
- Los souveniers.
- El little English de los rusos y sus clases de idiomas a cámara lenta.
- La visita al submarino.
- La comida pa ruski.
- El tour guía de P. que nos tenía con la boca abierta.
- La secreta misa ortodoxa.
- La clase de ruso en lenguas eslavas.
- El metro holográfico.
- Los simca 1000
- La bolas de nieve que nos arrojaban desde arriba.
- La venganza de la matrioska a la que tratamos de hacer una cesárea.
- Las risas altas y despreocupadas de gorro blanco y abrigo rojo verdoso.
- Y que todo saliera bien a pesar de que lo hiciéramos fatal.
Gracias
becaria por mis primeras y mejores vacaciones en mucho tiempo.
Be mayúscula, be minúscula, palito.